Un coaching novedoso y profundo que impactará en tus relaciones, tu vida familiar y laboral

Te invito a que tengamos una conversación sobre aquello que no te deja ser tú, para que permitas que tu sabiduría te guíe a lo que estás buscando.


Qué tan reales son tus pensamientos?

La mayoría de los hombre no nos damos cuenta de lo que pensamos y creemos y que lo que damos por cierto es la verdad, pero luego nos percatamos que eso no era la realidad. El darnos cuenta del poder que tiene nuestro pensamiento nos permite estar más conscientes de los pensamientos en que nos enganchamos, a no tomarnos las cosas tan personales, a tomar una vida más tranquila y a cambiar la forma de ver la vida.
Tu puedes hacer lo que quieras con tus pensamientos, no puedes tener una emoción o sentimiento sin antes haber experimentado un pensamiento, así es que lo que sientas es una reacción física a un pensamiento, por eso esta lógica es aplicable en todos los acontecimientos o puntos de vistas de las personas, cuando te preguntes porqué un evento está causando efecto en ti, o porqué una personas te hace sentir mal, lo que estás haciendo es que un pensamiento que estás teniendo de ese evento es el que causa tu malestar o el efecto que produce. Este mensaje es claro, tú tienes la decisión y el poder de tus pensamientos sobre cualquier evento o circunstancia, más bien la próxima vez pregúntate a ti mismo si vale la pena prestarle atención a esas vocecitas que te están haciendo infeliz, deprimido, herido u ofendido.

Con esta leyenda ejemplifico cómo funciona el pensamiento en las personas y cómo a través de él creamos nuestra realidad.

La Iguana y la serpiente de cascabel

Cuenta una leyenda popular que hace mucho tiempo una iguana y una serpiente de cascabel se enfrascaron en una dura discusión. Todo empezó porque la iguana presumía de ser “el animal más venenoso del bosque”, y la serpiente de cascabel sabía que mentía, que la iguana no era venenosa. La discusión siguió hasta que la serpiente pidió remitirse una prueba para salir de dudas. Propuso que la iguana mordiera al próximo hombre que encontrara. La iguana se sintió perdida porque en el fondo sabía que su mordida no causaría ningún efecto y que perdería la disputa.

Pero la iguana tenia de su parte una clara inteligencia. Acepto el reto con la condición de que se hiciera creer al mordido que había sido atacado por la serpiente. De esta forma, la iguana se escondió, esperó y con un rapidísimo movimiento clavó sus dientes en el talón del primero que acertó a pasar. Y aún más rápidamente se ocultó. La serpiente entonces apareció y el hombre quedó paralizado al verla. Pálido, sintió cómo su cuerpo se endurecía con el veneno que suponía le había sido inyectado. Y la impresión fue tan real, que cuentan que murió víctima no del veneno, que no existía, sino de miedo, de un ataque al corazón. Moraleja: podemos sentirnos envenenados, si nuestros pensamientos nos hacen sentir un veneno mortal, incluso si no existe.
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Fuse